Remembranzas de la vida del presidente Monson

Siempre en la obra del Señor

Presidente Thomas S. Monson

En un día cualquiera, en algunos hogares de ancianos de Salt Lake City, Utah, EEUU, se podía ver a un caballero mayor alegre y distinguido hablando, riendo y escuchando a los residentes del lugar. A pesar de su pesada carga de asignaciones religiosas, Thomas S. Monson, el presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se auto-proclamó capellán de esas instalaciones.

Un colega y líder de la Iglesia, el presidente Boyd K. Packer, dijo: “Él los visitaba cada vez que su tan ocupada agenda se lo permitía y hasta cuando no se lo permitía”.

El amor del presidente Monson por los ancianos se remonta a sus primeras asignaciones de la Iglesia. A él se le asignó ser obispo, en Salt Lake City, cuando solamente tenía 22 años. Su ministerio laico incluyó la responsabilidad de presidir sobre 1.000 miembros —de los cuales 85 eran viudas— y el mayor número de miembros de la Iglesia a quienes cuidar.

El presidente Monson recuerda un año en particular, cuando una sequía causó una severa escasez de alimentos para los necesitados, en especial de fruta fresca. Un día, ya tarde por la noche en el centro de reuniones, él ofreció una oración suplicando al Señor por ayuda. “Rogué al Señor por aquellas viudas, que se contaban entre las mejores mujeres que conocía, cuyas necesidades eran sencillas y modestas, y no tenían recursos de los que pudieran valerse".

A la mañana siguiente, el presidente Monson recibió una llamada de un miembro que era propietario de un almacén al por mayor de frutas y verduras. “Obispo”, dijo, “quisiera enviar un camión lleno de naranjas, pomelos [toronjas] y plátanos a la Iglesia para que se distribuyan entre los necesitados. ¿Podría usted hacer los arreglos necesarios?”.

El presidente Monson, no solamente proveyó ayuda a los necesitados de su congregación, sino que también forjó amistades perdurables. Cada Navidad, él dedicaba una semana de sus vacaciones personales a visitar a cada una de las viudas de su congregación. Por muchos años les llevó gallinas de su propio gallinero como regalo.

Estas visitas continuaron por décadas después de que al presidente Monson le dieron otras asignaciones de la Iglesia mientras cada una de las 85 viudas vivieron. Otro líder y colega, el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, el segundo cuerpo presidente en el gobierno de la Iglesia, dijo: “Tal vez ninguno de los líderes actuales de la Iglesia ha hablado en tantos funerales —una vez él tuvo tres en un día— y siempre haciendo observaciones muy personales acerca de aquellas almas comunes y corrientes a veces y hasta desconocidas pero que él ha conocido y amado durante su ministerio”.

El presidente Monson también ha tenido el don de llegar a los jóvenes de la Iglesia y prestar servicio casi por tres décadas en el Consejo Ejecutivo Nacional de Boy Scout of America. Jere Ratchliffe, Jefe ejecutivo Scout, dijo: “No conozco a ninguna otra persona sobre quién podría decir tan buenas cosas como las que puedo decir de Tom Monson. Para mí, Tom personifica el entusiasmo con todo su significado original,‘Dios con él’ o literalmente ‘inspirado’. Él ilumina cada reunión en la que está. La Iglesia SUD ha sido muy bendecida de contar con un líder para los jóvenes como él”.

Quizás el presidente Monson sea un ejemplo de cómo el cuidar de los demás provenga de su niñez. Él nació el 21 de agosto de 1927, en Salt Lake City; hijo de G. Spencer y de Gladys Condie Monson, quienes eran suecos, con antepasados ingleses y escoceses.

Él describe su niñez como idílica, donde pasó horas pescando y explorando los valles circundantes. “Nuestra familia era una muy unida”, dijo el presidente Monson. “Obtuvimos el sentido del aprecio y amor de parte de nuestros familiares, debido a que vivíamos todos juntos en una esquina al oeste de Salt Lake”.

El presidente Monson recuerda vívidamente que iban cada domingo en el Oldsmobile 1928 de la familia con su papá a la casa de su tío Elías. “Yo esperaba en el auto mientras papá entraba. Pronto, él salía de la casa cargando a su tío con discapacidad en sus brazos como si fuera una pequeña muñeca de porcelana. Yo abría la puerta y observaba con cuánta ternura mi padre sentaba al tío Elías en el asiento de adelante. Entonces, lo llevábamos de paseo por la ciudad. Papá nunca buscaba agradecimiento por este servicio, pero yo nunca olvidé su lección”.

Luego de su graduación de la escuela secundaria (preparatoria), el presidente Monson se inscribió en la Universidad de Utah para comenzar su primer año, pero pronto se enroló en un entrenamiento básico como integrante de la Reserva de la Marina de los Estados Unidos. Cuando terminó la guerra en 1946, regresó a casa; dos años más tarde se graduó con honores de la Universidad de Utah, con un título en negocios.

Fue en un baile de la universidad que vio por primera vez a la joven que más tarde se convertiría en su esposa, Frances Johnson. Para formalizar el cortejo, el presidente Monson dijo que había planeado una velada especial para proponerle matrimonio a Frances, pero su hermano más chico, Scott, le estropeó la sorpresa al decirle a ella: “¡Frances, Tommy tiene un anillo para ti!”, cuando entró por la puerta. Tom y Frances se casaron en el Templo de Salt Lake el 7 de octubre de 1948; ella falleció el 20 de mayo de 2013.

“Desde el primer día de nuestro matrimonio, Tom ha servido en varias posiciones de liderazgo. Algunos se han preguntado cómo una nueva esposa se ajustaba a ello, pero nunca ha significado un sacrificio ver a mi esposo trabajar en la obra del Señor”, dijo Frances. “Eso ha sido una bendición para mí, y ha bendecido a nuestros hijos. Él siempre ha sabido que si se trataba de la Iglesia, yo esperaba que hiciera lo que debía hacer”.

Su compromiso de servir a la Iglesia es algo que el presidente Monson ha valorado. “En 59 años de matrimonio nunca supe que Frances se haya quejado ni una vez de mis responsabilidades en la Iglesia. En esos 59 años he estado ausente muchos días y muchas noches, y raramente me he sentado con ella en la congregación. Pero no hay nadie que se le iguale, absolutamente nadie. Ella ha sido comprensiva en todos los sentidos y es una mujer de una fe apacible y poderosa”, dijo el presidente Monson en 2007.

Este compromiso mutuo de servicio a la Iglesia fue probado una y otra vez cuando el presidente Monson era llamado a diferentes posiciones de liderazgo y se le solicitó sacar días sin goce de sueldo de su trabajo en el periódico Deseret News para mudar a su familia a Toronto, Canadá, donde prestó servicio como presidente de la Misión Canadiense por tres años.

Luego de regresar a su casa, el presidente Monson participó en varios comités de la Iglesia, pero no estaba preparado cuando el Presidente de la Iglesia, David O. McKay, le pidió que fuera uno de los Doce Apóstoles modernos que le ayudaban a dirigir La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Después de compartir las novedades con Frances, el presidente Monson recuerda: “Esa noche ninguno de los dos durmió muy bien. Mis pies estaban helados”. En lo que luego él mismo describiera como uno de los días más dramáticos de su vida, el presidente Monson fue ordenado como Apóstol el 4 de octubre de 1963, a la edad de 36 años.

Veintidós años después, se encontraría sirviendo en la Primera Presidencia, la máxima organización de la Iglesia. Él sirvió en la Primera Presidencia por más de dos décadas como consejero de tres presidentes de la Iglesia.

Aunque el presidente Monson tenía pesadas responsabilidades que demandaban de su tiempo, Frances dijo que él consideraba que su más alta prioridad era ser padre y esposo. De hecho, él a menudo compartía sus experiencias espirituales con sus hijos. Su hija Ann, dijo que sus recuerdos más preciados provienen de cuando “él nos contaba de la inspiración especial que había tenido para llamar a un patriarca o de alguna experiencia de fe al entrevistar misioneros”.

Su hijo Thomas dijo: “Cada noche, antes de ir a la cama, subía a su oficina, y sin importar lo que estuviera haciendo, lo dejaba de lado y se ponía a jugar a las damas conmigo. Ese es uno de los recuerdos más dulces que tengo de mi padre”.

Clark Monson también recuerda momentos de enseñanza con su padre. “Papá y yo fuimos a pescar en un bote, y él me pidió que recogiera mi línea por un momento. Cuando recogimos las líneas y las colocamos a un lado, papá me dijo: ‘Como en cinco minutos tu hermano Tom se sentará para tomar su examen de admisión para abogacía. Él se ha esforzado mucho estos tres años en la escuela de leyes para este día, tal vez esté un poco intranquilo. Arrodillémonos aquí en el bote. Yo ofreceré una oración a su favor, y luego tú ofrecerás otra’. Esa fue una de las mejores experiencias de mi vida”.

Luego del fallecimiento de su esposa Frances, el presidente Monson dijo: “Ella fue el amor de mi vida, mi compañera leal y mi amiga más cercana. El decir que la extraño no llega a expresar lo profundo de mis sentimientos”.

En medio de las visitas a las viudas, de jugar a las damas con su hijo o de asistir en las necesidades de los miembros de la Iglesia en el mundo, el presidente Monson siempre ha estado “en la obra del Señor” (D y C 64:29).

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