El equilibrio entre la ley y la libertad


El equilibrio entre la ley y la libertad

Comentario

¿De dónde viene la libertad religiosa?

Diferentes personas dan diferentes respuestas. Algunos creen que es un regalo de Dios. Otros dicen que es un derecho integrado en la naturaleza de la justicia. Otros piensan que es una creación de seres humanos, adaptada a los intereses y circunstancias de su tiempo. Todos estos elementos divinos, naturales, y legales – dan forma a nuestra experiencia con la libertad religiosa. La fe en Dios le da un significado espiritual. Las demandas de la justicia le dan una base ética. Pero sin la protección de la ley, la libertad religiosa seguiría siendo una mera aspiración.

        

Documentos como la Convención Europea de Derechos Humanos, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, preservan los ideales de la libertad en el papel e influyen en las acciones de los gobiernos en todo el mundo. Las palabras crean hermosas normas morales: dignidad, libertad, igualdad, derechos inalienables. Pero estas palabras tienen poco efecto vinculante si no están incorporadas en la ley y respaldadas por la sociedad.

Las leyes varían según el gobierno, la cultura y los valores de un país en particular, pero el anhelo de autodeterminación permanece constante. Implantado en cada corazón humano está el deseo de respeto, el trato humano y el espacio para practicar creencias solos o en una comunidad de creyentes. De esta manera, la libertad religiosa tiene la fuerza de un derecho humano fundamental, basado en las expectativas humanas incluso antes de que se hagan las leyes.

La libertad religiosa no es absoluta. Hoy y a lo largo de la historia algunas personas han hecho cosas terribles en nombre de la religión: terrorismo, violencia racial, asesinato, robo y abuso. La ley prohíbe legítimamente tales actividades y pone medidas de seguridad para prevenirlas. La libertad religiosa no incluye el derecho a ser violento, poner en peligro la seguridad o salud pública, robar o dañar la propiedad o atacar a los débiles.

Afortunadamente, tales abusos son una excepción al comportamiento generalmente decente de las personas y grupos religiosos, la mayoría de los cuales solo desean la libertad de vivir sus creencias en dignidad y paz. Los límites legales sobre el ejercicio religioso deben imponerse solo cuando sea necesario para proteger intereses verdaderamente vitales.

Cada país tiene leyes que manejan sus asuntos religiosos. Sin ellos, no habría una estructura común para que los diversos grupos se llevaran bien en la sociedad. Algunos temen que las religiones extranjeras comprometan los valores culturales y la cohesión de sus países. Pero mientras las religiones respeten la ley, se comporten de manera responsable y contribuyan al bien común, tendrán más posibilidades de cumplir su misión y disipar esos temores.

Pero si la ley se desvía y abusa de los derechos humanos, es importante que las personas de conciencia, incluidas las de fe religiosa, expresen sus opiniones de manera civil y legal para lograr una reforma. Desobedecer la ley en pos de la libertad religiosa dejará a los creyentes con las manos vacías. Un respeto saludable por las leyes justas establece la mejor base para una reforma legal de las leyes injustas.

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